domingo, 24 de enero de 2010

Wilhelm Reich

(cita de origen desconocido)

Te llaman "Pequeño Hombrecito", "Hombre Común"; dicen que ha empezado una nueva era, "la era del Hombre Común". No eres tú quien lo dice, Pequeño Hombrecito, sino ellos: los vicepresidentes de las grandes naciones, los líderes obreros que han hecho carrera, los hijos arrepentidos de los burgueses, los hombres de Estado y los filósofos. Te dan tu futuro pero no tienen en cuenta tu pasado.

Eres un heredero de un pasado horrible. Tu herencia es un diamante incandescente entre tus manos. Esto es lo que yo te digo.

Cada médico, zapatero, técnico o educador debe conocer sus debilidades si quiere trabajar y ganarse la vida. Desde hace algunos años, has comenzado a asumir el gobierno de la tierra. El futuro de la humanidad depende pues de tus pensamientos y de tus actos. Pero tus profesores y maestros no te dicen lo que eres y piensas realmente; nadie se atreve a formularte la única crítica que te haría capaz de tomar en tus manos tu propio destino. Sólo eres "libre" en un sentido: libre de toda preparación para gobernar tu propia vida, libre de toda autocrítica.

Jamás he escuchado de tu boca este reproche: "pretendéis convertirme en mi propio maestro y el maestro del mundo, pero no me reveláis cómo se llega a ser maestre de sí mismo ni me decís cuáles son los errores en mi manera de ser, de pensar y de actuar".

Permites que los hombres en el poder asuman la autoridad sobre el "Pequeño Hombrecito". Pero no dices nada. Confías a los poderosos o a los impotentes -animados de las peores intenciones-, el poder hablar en tu-nombre. Te darás cuenta demasiado tarde que una y otra vez te estás equivocando.

Te comprendo. Innumerables veces te he visto desnudo, física y síquicamente, sin máscara, sin carnet de miembro de un partido político, sin tu "popularidad". Desnudo como un recién nacido, como un mariscal en calzoncillos. Te has lamentado ante mí, has llorado, me has hablado de tus aspiraciones, de tu amor y de tu tristeza.

Te conozco y te comprendo. Te voy a decir cómo eres, Pequeño Hombrecito, ya que creo honestamente en tu gran futuro. ¡No hay duda de que te pertenece! En primer lugar mírate a tí mismo.

Mírate tal como eres realmente. Escucha lo que ninguno de tus führers y tus representantes se atreve a contarte.

Eres un "pequeño hombrecito medio". Reflexiona bien el doble sentido de estas dos palabras "pequeño" y "medio"...

¡No huyas! ¡Ten el coraje de mirarte a tí mismo!

"¿Qué derecho tienes para darme lecciones?" Puedo ver esta pregunta en tu mirada temerosa. La oigo de tu arrogante boca, Pequeño Hombrecito. Tienes miedo de mirarte, tienes miedo de la crítica, Pequeño Hombrecito, lo mismo que tienes miedo de la potencia que se te promete. No sabrías utilizarla. No puedes imaginarte que un día podrías sentirte de distinta forma: libre y no acobardado, sincero y no traicionero; que puedes amar en pleno día y no clandestinamente como un ladrón en la noche. Tú mismo te desprecias, Pequeño Hombrecito. Dices: "¿Quién soy yo para tener una opinión personal, para decidir mi vida, para decir que el mundo me pertenece?" Tienes razón: ¿Quién eres tú para reclamar tu propia vida? Te voy a decir lo que eres:

Te distingues de los hombres realmente grandes, sólo por un rasgo. El gran hombre ha sido como tú un pequeño hombrecito, pero ha desarrollado una cualidad importante: ha aprendido a ver dónde era pequeño en su pensamiento y en sus acciones. En la realización de una tarea escogida por él mismo ha aprendido a darse cuenta de la amenaza que representaba su pequeñez y su mezquindad. Entonces el gran hombre sabe cuándo y en qué es pequeño. El Pequeño Hombrecito no sabe que es pequeño y tiene miedo de saberlo. Cubre su pequeñez y debilidad con fantasías de fuerza y grandeza -la fuerza y la grandeza de otros hombres-. Está orgulloso de sus grandes generales, pero no de sí mismo. Admira las ideas que no tuvo y no las que sí pensó. Cree mucho más en las cosas que no comprende, y no cree en la veracidad de las ideas que entiende más fácilmente.


Varios textos de Wilhelm Reich:
http://chemtrails.foros.ws/t36/libros-para-descargar/

Texto completo: "La función del orgasmo":
http://www.scribd.com/doc/21562188/Reich-Wilhelm-La-funcion-del-orgasmo-1942?secret_password=&autodown=pdf

martes, 19 de enero de 2010

Gregory Bateson- "Metálogo: ¿Qué es un instinto?" (Pasos hacia una Ecología de la Mente)


H.: ¿Papá, podrías construirme un sueño?

P.: ¿Empleando esta receta, dices? No. Tomemos el fragmento de poema que te leí hace un momento y convirtámoslo en un sueño. Tal como está compuesto, es casi un material onírico. En la mayor parte de él sólo tienes que sustituir las imágenes por palabras. Y las palabras son bastante vívidas. Pero toda la cadena de metáforas e imágenes está anclada, lo que no sucede en un sueño.

H.: ¿Qué entiendes por “anclada”?

P.: Me refiero a la primera palabra “Pensamiento”... El poeta la usa literalmente y esa sola palabra te dice a qué se refiere todo el resto.

H.: ¿Y en un sueño?

P.: Esta palabra también, habría sido metafórica. Entonces todo el poema habría sido mucho más difícil.

H.: Bueno, entonces cámbiala.

P.: ¿Qué te parece? “Bárbara cambió el infinito…” etcétera.

H.: ¿Pero por qué? ¿Quién es ella?

P.: Bueno, es bárbara, es mujer y es el nombre mnemotécnico de uno de los modos del silogismo. Me pareció que funcionaría bastante bien como símbolo monstruoso de “Pensamiento” puedo verla ahora con un par de calibres, apretando su propio cerebro para cambiar su universo.

H.: Basta.

P.: Bueno, pero ya ves a qué me refiero cuando digo que las metáforas no están ancladas.